Asesinadas a medio parir por la ignorancia

CrXzPpwXgAAkwvUDaniel Defoe en las páginas 138 y 139 de la edición de Seix Barral de 1969 de El año de la peste nos cuenta esto, lo de las mujeres que se quedaban a medio parir. Es uno de los pasajes del libro que más ha impresionado a mi imaginación. Pero hay otros espectaculares. Recomiendo este libro, la lectura de este libro de manera urgente. No olviden que esta obrita inspiró a Camus para escribir La peste y esta peste a Roth para escribir Némesis. Queda escrito. Pura literatura, ficción, creatividad. ¡Inventarse una ciudad en peste, en 1664, Londres! Colocarse las Google Glass y escribir, como hizo Defoe, la tercera mejor novela que leo este año. Sí, por supuesto, después de Satin Island Magistral que también las recomiendo. Soy cansino cuando repito, a veces sin razón, aquello de «¡Deja de leer mugre bestsellera, záfate de ella, zafón, zafón, zafón!»

Aquí el fragmentito:

Presentaré unos de estos casos, pero antes, permítaseme mencionar que una de la más deplorables situaciones en toda esta actual calamidad fue la de las mujeres encinta, quienes, al llegar la hora de dar a luz, cuando los dolores comenzaban a atravesarlas, no disponían de ayuda de ninguna clase; ninguna comadrona ni vecina se acercaba a ellas. La mayoría de las comadronas habían muerto, especialmente las que atendían a los pobres; y muchas de las comadronas célebres, si no todas, habían escapado al campo; así pues, era prácticamente imposible para una mujer pobre, incapaz de pagar un precio exorbitante, el conseguir una comadrona que la atendiese; y si podían conseguir alguna, ésta era generalmente una criatura torpe e ignorante; consecuencia de ello fue que una increíble cantidad de mujeres se vieron reducidas a los mayores peligros y desgracias. Algunas alumbraron siendo tan mal asistidas e inutilizadas por la imprudencia y la ignorancia de quienes pretendían auxiliarlas. Innumerables niños fueron, puedo decirlo, asesinados por la misma ignorancia, si bien de manera más justificable, al afirmar que salvarían a la madre sin importar lo que sucediese con el niño; y muchas veces ambos, madre e hijo, perecían de la misma manera; y ello de un modo especial, cuando la madre estaba apestada y nadie se hubiese acercado a ella, muriendo ambos. Algunas veces, la madre moría de la peste y el infante quedaba a medio alumbrar, o nacido del todo, pero sin haber sido separado de la madre. Algunas mujeres morían durante los mismos dolores de parto, sin llegar a dar a luz en absoluto; hubo tantos casos de esta índole, que es imposible formarse un juicio sobre ellos.

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