Silencio, educación y sucedáneos

index.asp#12HOY HE LEÍDO el título los dos próximos libros que me gustaría leer. Han quedado recogidos en la libreta que tengo en Evernote para tal fin: «Libros que quiero leer y/o comprar». La creé hace un par de meses y tiene ya 74 referencias bibliográficas. Un desmán.

Quien me descubre a Shusaku Endo es Juan Manuel de Prada que escribe lo siguiente sobre Endo: «En diversas obras, Endo reflexionó sobre la difícil tensión que el evangelio y las tradiciones espirituales propias del Extremo Oriente han mantenido a lo largo de los siglos; y no se ha recatado de exponer, en su más íntima crudeza, los tormentos padecidos en épocas pretéritas por los cristianos en su país, así como las dificultades a las que un católico se enfrenta en el Japón contemporáneo. Tal vez esta fuese la razón por la que Endo fue privado del premio Nobel, en beneficio de Kanzaburo Oé, más dócil a las modas y políticamente correcto; pero ya nos decía el gran Leonardo Castellani que Dios quiso castigar al inventor de la dinamita asociando su nombre al de los más horrendos escritores de nuestro tiempo». Este es el típico párrafo prescriptor que a mí me convence para leer Silencio de Shusaku Endo (Edhasa, 2009).

El segundo título lo cacé en la incursión vespertina que tuve ayer en Twitter. Además, estaba editado en una de mis editoriales favoritas: Pepitas de Calabaza. El tuit que comenté, retuiteé y favoriteé era este:

 

Reconozco que lo primero que me atrajo fue la palabra «artesano», a la que rindo cierto culto. El tuit me dirigía a un artículo de El Confidencial firmado por Víctor Lenore (vinculado en el propio tuit). Entre otros asuntos en el artículo se hacía referencia a una de las preocupaciones de William Morris: la educación y la idea de que la inversión en la educación pública es una de las maneras de sacar a un país de la miseria material y espiritual: «Hay que adecentar la educación pública lo mejor posible, sea cual sea el coste. Cualquier otro objetivo no produciría más que un lamentable sucedáneo». ¡Qué verdad! Que un estado invierta en la formación y en la educación de sus ciudadanos es la mejor garantía a corto, medio y largo plazo para eludir las dos grandes pobrezas: la material y la espiritual. Quedó demostrado, no recuerdo ahora el país africano, en el reportaje que hicieron no sé qué día de la semana el programa A punto con La 2 en el que se referían a dicho país africano que destinaba una cantidad brutal del producto interior bruto a la educación y que  debido a esta inversión la economía del país y el bienestar de sus ciudadanos había subido no sé cuántos puntos.

Hoy, nada más. Os dejo los títulos de dos libros que creo que merecerá la pena leer. Como me gusta facilitar la labor de compra para que podáis leerlo bien, os dejo las dos referencias vinculadas a librerías: Silencio de Endo (Edhasa, 2009) y La Era del Sucedáneo de William Morris (Pepitas de Calabaza, 2015).

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