El domingo resulta ser bien poca cosa

IMG_20151031_154313_editDije que publicaría «todos los domingos» pero la realidad es otra: «cada dos domingos». Es decir, publico cuando me da la gana. Y así continuaré. La entrada de hoy es una reflexión en voz alta en torno al ritmo de publicación en este blog, y a este blog mismo. Voy a soliloquiar en el siguiente párrafo. Me apetece. Hace tiempo que no lo hago. Saco punta a la primera persona. Punto y aparte.

Las visitas a este blog han descendido y ¡claro!, peras al olmo no puedes pedir si te dedicas a publicar de higos a brevas. Lo comprendo, no me llores. Además, he abandonado los dominios de la página (lamaniadeleer y bernardomunuera). Vuelvo al WordPress de toda la vida. ¿Recuperar la esencia? Más olmos sin peras. Pero hay más: abandoné ciertos derroteros que alimentaban la web; me «aburrí» de la industria editorial, me empalagué de manuscritos y lo que menos echo de menos: me tiré del tren tirano de la novedad editorial. Mucha paz. Esto trajo mucha paz y sosiego a mi vida como lector. Las editoriales son… y me acuerdo de una canción: ¡Ay, tirana, tirana! Ahora leo más «clásicos», de los que escribo menos porque ¿qué sentido tiene escribir sobre los clásicos  —ese texto que identifico como escrito y editado antes de ¿2000, 1990?—? Así pues me dedico a releer —y en esa tarea sigo— textos como el Poema de Mio Cid, la obra completa de Garcilaso, el Lazarillo de Tormes, a fray Luis de León, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Boscán, Quevedo, Góngora y Herrera; Lope de Vega, Cervantes y Cía; Cela, Martín Santos, Caballero Bonald y Laforet; pero hay doscientos más en la cola. No sé al final qué haré, si les daré entrada aquí o no.

También publico menos porque salgo a pasear más. Eso es evidente. Paseo. Es la actividad más fructífera que existe. Pasear sin más. Salir de casa y tirar hacia allí o hacia allá. Lo hago con un lápiz bicolor, de esos que sirven para subrayar. Y subrayo las ideas de la vida; las principales en rojo y las secundarias en azul. Otro día escaneo los esquemas y os los enseño.

La verdad es que hoy quería escribir sobre los dos libros de la fotografía que encabeza la entrada: La novela española entre 1936 y 1980 de Martínez Cachero y el Manual de literatura española XIII. Posguerra: narradores de Cénlit ediciones. La idea matriz con que iba a batir la entrada era el asombro que me producía la precisión léxica con que los autores de dichas obras dibujan las historias de cada una de las obras literarias que «reseñan». E iba a comparar esa precisión léxica, esa riqueza de imágenes y metáforas, esa claridad expositiva con lo que encuentro en la web cuando me decido a recoger información sobre algún libro en la web.

Es domingo. Encontré este texto dentro del libro de Martínez Cachero sobre El Jarama, que fue, en su día, una novela que me impactó y que debería releer urgentemente. Es oxígeno:

El tiempo acotado —en un día que es domingo— significa para casi todos los personajes implicados en la acción un tiempo distinto al habitual; es su día de descanso con lo que esto supone de fiesta y diversión, más libre y jocunda en los jóvenes —entristecida por la muerte de Lucita—, más convencional y consabida en las familias de la taberna. Se viene de Madrid y del trabajo cansado y se volverá a lo mismo; queda en el medio, breve paréntesis de intenso aprovechamiento, el domingo que resulta ser bien poca cosa, pues a su final solo quedan ruinas —cuando se acaba el día y la jornada en la taberna, «salió la moza con la escoba y se ponía a barrer el suelo en torno a ellos [los compañeros de Lucita, la muerta, que aún permanecían allí]: papeles pisoteados, mondas de frutas y servilletas de papel, cajetillas vacías y colillas de puro y chapas de botellines de cerveza, de orange y de coca-cola; bandejas de cartón y cajas aplastadas, con letreros de tiendas de repostería, tapones, cascarillas de cacahuetes, periódicos, todo esparcido, revuelto con el polvo, tras de la fiesta consumida». Casi un frío inventario naturalista, hecho de miembros o piezas de desecho, pero suficientemente expresivo de la efimereidad y pequeñez de la alegría gozada por sus consumidores (como en el poema Domingo, de Ángel González: ilusión falaz de ese día que concluye convertido en: desteñido papel, vidrio olvidado, / polvo tedioso sobre las aceras…)

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