Libros adquiridos en mayo de 2015

hikikomori
Imagen extraída de malherido.com, texto raudo 616 de Alberto Olmos

Comprar libros es un atributo de mi conducta. Soy un comprador de libros como soy un comprador de leche entera y bolígrafos Bic. Todos los meses visito la librería como el cristiano una iglesia los domingos. Visitar una librería, comprar en una librería (en Metrópolis de Jaén, en Amazon o en Iberlibro) y leer lo que me traigo de allí es un hábito que alimenta, cómo decirlo, ese sentimiento de gusto y bienestar «intelectual». Además, leer es un instinto y necesito saciarlo.; también una manía. La riqueza que se desprende de los libros que leo no me la suele dar la vida ni empecinándome en buscarla. Es una hipótesis: lo que colman los libros no lo colma nada. Pero esto lo digo yo y me sirve solo a mí. Ahora recuerdo a Reme, protagonista del último título de Pablo Gutiérrez (la semana que viene quiero escribir de ella, no del libro que la contiene, Los libros repentinos, que por cierto recomiendo).

Sí, también frecuento la biblioteca, pero es una biblioteca de ciudad en cuesta, mal dotada si la comparamos con pueblos más pequeños, ¡¡que cierra desde el 15 de junio hasta el 15 de septiembre por las tardes!!, jodiendo a quien trabaja por las mañanas y al que está en paro y la ha convertido en un ¡refugio! donde su imaginación busca trabajo; jodiendo a quien no tiene recursos para comprar libros ni en Metrópolis ni en Amazon ni en Iberlibro. Esta biblioteca particular, la pública de Jaén, es una biblioteca de asco por este motivo. La frecuento, decía, la frecuento todas las semanas te cuento, pero no, Alberto, el lujo es el de la administración competente que no la dota como debe y que la cierra cuando le da la gana para ahorrar en luz y en migas de pan. Por eso frecuento librerías físicas y librerías en el Amazonas. Por pura necesidad e instinto. Y mientras tenga un sueldo, claro.

Raro es el mes que compro un libro que supere los quince euros. En Iberlibro hay chollos como el que encontré ayer: Historia del doctor Johann Fausto en Siruela por 3,95 €. No son los veinte euros de un bestséller de papel estraza, por ejemplo, es un libro digno para mi biblioteca.

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Además, encontrar libros a 3,95 € cuando los venden a 149,95 € es puro gozo:

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Pero enumero, paso a enumerar ya, cuáles han sido los libros que han entrado en casa en mayo.

1) El primero es de un compañero de 4º de E.G.B. que hoy es sacerdote. Antes fue médico y cirujano. José María Pardo. Asistí a una conferencia a principio de mes. Allí compré su Somos felices, naturalmente. Cuestiones de sexualidad y familia. Eunsa 2014. Como advierten, soy un tipo valiente que lee de todo, que quiere leer de todo y que no repudia ningún libro de sustancia cristiana. Os puedo demostrar que soy cristiano pero siempre lo hago con una cerveza. Sonríe.

2) El rey, de Donald Barthelme lo compré en Mimo Libros, que es una librería de viejo de Jaén. Me espera el rey Arturo en plena Segunda Guerra Mundial ante el dilema de usar o no el nuevo Grial: la bomba atómica. Es Barthelme. Aquí amamos a Barhelme.

3) Mann me gusta. Lo que escribe Mann me suele gustar. Este libro lo compré porque semanas antes había imaginado la escritura del diario de una novela mientras escribía una novela. La idea me atrae. Siempre que me he imaginado escribiendo lo he hecho pensando en esa duplicidad: la novela que se escribe y el diario de la novela que se escribe. Pues bien, eso es Los orígenes del Doktor Faustus de la editorial Dioptrías. Mann escribía el Doctor Faustus y simultáneamente un diario con los entresijos y los porqués. Estoy en la página cuarenta y lo recomiendo.

4) El último libro adquirido en mayo ha sido de Pálido Fuego, una editorial que venero: El cuaderno perdido de Evan Dara. Cuando leí el dossier que José Luis Amores colgó en la web no tuve más remedio que dejar lo que estaba haciendo y dirigirme a la librería para encargarlo. Agotar el presupuesto de mayo y junio a mitad de mayo era una ruina. Esta vez no lo compré en Amazon. Quería hablar con Antonio, el librero, del libro; ya me lo ha pedido cuando lo termine. El texto del que hablo es este y merece la pena leerlo, créanme: Cuando la literatura se ocupó del todos. El libro abre con un prólogo de Stephen J. Burn y subrayen lo que les dé la gana:

Los escritores más «populares», más «exitosos» de entre nosotros (al menos durante un breve período), son, en noventa y nueve de cada cien casos, personajes meramente hábiles, perseverantes, osados: en resumen, entrometidos, aduladores, charlatanes. Gente que logró imponerse con facilidad sobre editores aburridos … se adjudicó reseñas favorables escritas o mandadas a escribir por partes interesadas … De tal modo se fabrican «reputaciones» efímeras que, en su mayoría, sirven para sus propósitos específicos, o séase: llenar la bolsa del charlatán y del editor charlatán.

¿Para qué quiere uno un libro? Para leérselo. ¿Cuántas veces? Quinientas ¿Por qué tantas? Porque no te cansas. ¿Y después? Lo subrayas. ¿Y más después? Te haces un selfie con él. Pero sí, también reconozco que regalo libros, los dono, hago potlatch con Juan e incluso los vendo y los presto porque necesito librar espacio de los anaqueles que hay distribuidos por casa para que pueda entrar savia nueva.

Esto es un resumen.

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