Me horrorizan los guays; y la mala suerte

Este libro se acabó de imprimir en el mes de mayo de 2003 en Toledo. El autor de esta novela, Mala Suerte, -ambas con mayúsculas- recibió por ella un pico de euros y el Primer Premio de Narrativa Caja Madrid. El jurado estuvo compuesto por Juan Manuel de Prada, Julio Llamazares, Almudena Grandes, Soledad Puértolas y Javier Reverte. Todos decidieron otorgar a la obra Mala Suerte, de Juan Aparicio-Belmonte , el I Premio de Narrativa Caja Madrid que solía y suele editar la editorial Lengua de Trapo.

Juan Aparicio-Belmonte nació en Londres. Es casi lord. Nació en 1971. Tenía 31 años cuando disfrutó del premio en esas inolvidables navidades, las del 2002. Enhorabuena, Juan.

Ahora vive también en twitter y se hace llamar @Superantipatico.  En su bío-bío-bío tuitera puede leerse: “Me horrorizan los guays, pero soy novelista y doy clases en el Hotel Kafka”. Es profesor de Escritura Creativa.

Aquí hemos venido a hablar de su novela Mala Suerte. Antes de nada: ¡leedla! y os cuento el porqué.

La novela tira de la Mala Suerte, así, a secas. Uno de sus personajes dice que la Mala Suerte es como “el aliento de un borracho que penetra tu nariz aunque la cubras con un pañuelo”. La comparación está un poco forzada, Juan. Yo la veo forzada, la verdad. Lo pienso, te lo digo. Mala Suerte. Mala Suerte, por ejemplo, es no encontrar aparcamiento después de dar cinco vueltas a la manzana. Eso es Mala Suerte.

La novela está escrita para que puedas leértela en día y medio.  El protagonista se llama Esteban y frecuenta un siquiatra de los de sin pé. Esteban está casado y tiene un hijo de siete años que lo ve siempre dormido. Un personaje menos. Esteban es un desgraciado. Valoro. Esteban solo piensa en mujeres y creo que es el que prefiere ir a comprar al Champion de Vallecas -lo malo de poner marcas en las novelas-.

Pero aparece Sarita Lagos y la novela comienza a ser otra. De verdad, es otra. Es muy otra. Si Juan Aparicio-Belmonte no hubiese descubierto a Sarita Lagos hubiese fracasado. Si no la hubiese imaginado, hubiera errado. Valoro. No hubiese ganado el premio, afirmo. Y valoro de nuevo. Son dos las partes en que divide Sarita Lagos la novela. ¿Por qué? Porque es una tía que sabe de qué va ella, como mujer, como protagonista, como tía chula de la película. Es una comisaria con pantalones. La Mala Suerte sin Sarita Lagos y la Mala Suerte con Sarita Lagos. Terminas con ganas de ver una foto suya. Sé que Aparicio-Belmonte tiene una en la cartera. Si algún día voy a Madrid -creo que vive allí- le pediré que me la enseñe. ¿Vale?

La novela es una novela de matices. Tiene un defecto de voz: el hijoputa de la página 78 no suena con voz hueca y grave. Has de arreglarlo en próximas reediciones, Juan. ¿Quién ha dicho, dónde está escrito que un libro no pueda ser modificado por su autor cuantas veces le dé la gana o quiera edición tras edición, reimpresión tras reimpresión, eh? Es la Nueva Edición, rezo.

Hay humor con hache. Hay sátira con tílde en la primera a. Hay legionarios que sabían tragarse el humo. Eso antes era difícil. Después no. Siquiatras y siquieras subjuntivos y siquieres te lo sigo contando. Te sigo contando cómo el Cotta, que es un personaje bien llevado y bien acabado, tiene un nombre que le va: Fabio. Es el más cuerdo de todos. Por eso acaba como acaba.

Gran plantel de personajes. Saben moverse en el escenario. Mala Suerte podría llevarse al teatro perfectamente. Y al cine, me dicen en casa. Si quieres te muevo los hilos, Juan, que yo tengo mucha mano, dicen. Layla ahí quieta, como debe estar toda conciencia hasta que hace falta. Sarita, ¡ay! la gran Sarita Lagos. Marta, el doctor que es un siquiatra sin pé, Pichón, que no Pynchon y el padre Matías. Ahí sí, ahí sin remedio, cuando llegué a la escena del padre Matías tuve que soltar el libro y reírme un rato, o descojonarme, como se escucha en la calle. Qué risa con el padre Matías, ¡pardiez! Tiene más golpes, sabios golpes de humor.

En fin, acabamos. Lo decía el otro día en una conferencia imaginaria: “Se está forjando una generación de escritores cuyo nexo común es Lengua de Trapo, la editorial”. ¿Dónde fue? Y si no fue verdad repito la idea: Generación Lengua de Trapo, ahora que por tres cuartos te montan una. ¿Una qué? ¡Una generación!

Desde este sitio quiero felicitar a Juan Aparicio-Belmonte por Mala Suerte. Reservo para Navidad otra, si todo va bien. Por ejemplo, Mis seres queridos.

¿Me falta algo, Juan? Ya me cortas…

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