Constatación BRUTAL del presente, de Javier Avilés

Si quieres acceder directamente al comentario del libro del que hoy escribo, prescinde de los cuatro primeros párrafos de este post. Este es el párrafo número uno, o primero. Cuenta. El siguiente es el segundo.

Hace ya casi dos semanas terminé de leer Constatación brutal de presente (Libros del Silencio, 2011), de Javier Avilés. Y hace ya casi dos semanas que tenía como gran tarea escribir de él aquí.

No reseño libros. Quiero que este matiz quede de una vez por todas claro. No sé reseñar libros. Aquí, en este blog, escribo sobre algunos de los libros que leo y de una manera muy particular. En ocasiones soy capaz de escribir más de mil palabras sobre una frase de ese libro, o sobre un párrafo de aquel otro. Otras, mil doscientas palabras sobre lo bien que ha colocado el autor esa tilde.

Párrafo cuarto. Bien, ya ha quedado claro: no reseño libros. Leo, soy lector. Leo mucho y escribo mucho pero no sé escribir una reseña ortodoxa como enseñan en las facultades de periodismo y en algunas de escatología. En las de filología fabrican profesores-loro.

Constatación brutal del presente es el libro que solo puede escribir un alma sin cuerpo, quizás por la complejidad poliédrica de su trama. Si bebes cerveza mientras hablas de este libro te suelen salir frases del estilo: “Es un libro duro, como el blog El lamento de Portnoy“. ¿Duro? ¿Un libro duro? -te pregunta el amigo mientras pide la tercera ronda.

Novela que ratifica, y parafraseo, que la realidad nos mata porque quien se adecúa a lo conveniente muere, queda anulado. Invalida toda narración y sin narración nunca habrá presente que es la extrema verdad, que es la constatación brutal del presente -qué bien titula Vila-Matas- que queda narrado siempre así: ni existiendo ni siendo después del fin.

El texto de Javier Avilés es Teoría de la Literatura, es novela de ficción, es trama que parte de un documental de Allen Smithy: Sigma Fake. Un documental inventado en la narración para demostrar la ficción de la realidad.

Constatación brutal del presente es una observación del proceso de escritura desde la identidad de un dios literario que ha de existir entre el nuevo espacio y el nuevo tiempo que crea Javier Avilés en su novela. Un dios literario que tiene en el polvo y en las tuberías sus arcángeles y donde el presente, o el puto presente, es el verdadero apóstol que declama narratividad.

Para tipos duros que saben que “la mierda pesa, enfría y oscurece” así como la narración que se encarna en los deseos del escritor.

El texto, nos demuestra Javier Avilés, no puede narrar. Expongámoslo sin aposición: “El texto demostró la imposibilidad del narrador”. Es él, volvamos a la aposición, el narrador, un impotente ante lo brutal del presente. Hay que escribir, hay que desenmarañar el quid que radica en la ¿eterna? dualidad realidad-ficción. Por eso traía antes aquello de la teoría literaria, aquello de untar el polvo de las tuberías en las pestañas de Allen Smithy.

¿Anarquía davidfosterwallaceana? -había anotado en uno de los tres folios de notas.

“Ya no queda nadie para apreciar la ironía”, dice Javier en su novela.

If I were an editor, este libro, este título, encabezaría una colección de teoría de la ficción literaria.

Constatación brutal del presente no es un libro para lectores hobachones. Quedan advertidos.

Acabo. Unas palabras más. Solo llevo 523.

Matemántica es un término que acuñé cuando terminé de leer un ensayito de Javier Moreno titulado Auge, muerte e inesperada resurrección de una teoría matemática de la narrativa -que podéis pedirle para que os lo envíe en bluelephant en gmail- . Merece demasiado la pena leérselo. Y estudiárselo. Matemántica, decía, es lo que verdaderamente destila Constatación brutal del presente. En ella, la literatura toma la matemática como modelo a emular, por su complejidad, por su fractalidad -si se me permite-, porque la narración, queda más que demostrado, es un imposible teórico. Y cierras el libro.

¿Cómo nos narramos? ¿Cómo nos observamos mientras escribimos? ¿Qué escribimos y para qué presente lo hacemos?

Si no son inteligentes -segunda advertencia-, no lean Constatación brutal del presente. Solo los lectores con alma podrían llegar a libar parte del jugo que destila la magnífica -for me, for me, for me ¿for you?- primera novela de Javier Avilés. E inteligentes -tercera-.

Solo y ya me queda escribir: ¡enhorabuena, Portnoy!

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2 comentarios en “Constatación BRUTAL del presente, de Javier Avilés

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