Ha muerto don Ramón del Valle-Inclán



Quise saber cuándo y de qué murió Valle-Inclán. Y lo conseguí: murió el 5 de enero de 1936, de un ataque de uremia. Entré en la web de la Biblioteca Nacional y empecé a abrir puertas. Allí di con el Heraldo de Madrid del 6 de enero de 1936. Y todo se detuvo. Y todo se detuvo por segunda vez. Así, hasta no sé cuántas veces. Allí, en 1936 y con República en España me sentía de Madrid. Se puede disfrutar mucho con este tipo de documentos. Yo disfruto mucho en la Biblioteca Nacional “digital”. Reconozco que puedo ganar una tarde entera ensimismado en los retales de historia que se guardan aquí. Y dos tardes, hasta la hora de la cena y después de la cena y casi que no me acuesto. ¡Ay, la Historia!

Valle-Inclán tuvo tres hijos: María Beatriz, Jaime y María Antonia. Cuando murió estaba trabajando en su última novela, El trueno dorado que quiso ser una continuación de El ruedo ibérico. Murió con 70 años. Dispuso que el acto de su muerte no tuviese ninguna sombra de ceremonia y dejó ordenado que no se publicasen esquelas. El entierro, civil, y su cuerpo debía depositarse en un féretro modesto. Por último recalcó que no hubiese ostentación en las exequias. Esto sí es preparar el entierro…

Pío Baroja hizo esta declaración a a su muerte:

“Valle-Inclán era la supervivencia de Espronceda y de los románticos”.

Gómez de la Serna escribió:

“Ramón, el soberano animador del panorama literario, ha contestado a nuestra encuesta: -Era, a la par que un gran escritor antiguo, un gran escritor moderno. Había logrado ese doble tiempo, que es lo más difícil de lograr en literatura”.

Y Pedro Salinas también enjuició al gran poeta y profesor de literatura.

El día que moría Valle-Inclán se denunciaban en prensa las agresiones italianas a la Cruz Roja. Los ciudadanos padecían de blenorragia y se derribó la muralla de Badajoz. Hicieron preso al ladrón de la catedral de Pamplona y en Chueca se representaba la comedia lírica El diablo rojo y en Lara (“Tienes más cuento que el teatrillo Lara”), La casada sin marido, una comedia de costumbres. El señor Azaña pronunciaba encendidos discursos y se podía ir y volver de Bilbao, después de un partido de fútbol por 40 pesetas (24 céntimos de euro).

Reconozco ya que una de la más entretenidas maneras de documentarse para escribir es acudir a estos trozos de historia en papel digital. Hay tanta materia bruta.

Ya está. Este ha querido ser un post distinto que quería publicar. Con solo dos páginas del Heraldo de Madrid hay datos y sucesos suficientes para documentar una novela. Y dos. No había leído El trueno dorado, acabo de comprarlo por 5 € en Iberlibro. Entrará en cola de lectura pronto. ¿Quién será el editor que lo reedite? Avisadme.

Y vinculo, por último, el Heraldo de Madrid del 6 de enero de 1936. Lo hago ahora, si no, no hubieras leído la entrada del tirón, bribón.

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